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Turismo entre hordas de viajeros

 

Empezamos a tener un problema serio con la saturación turística. En muchos momentos del día, en Praga es imposible cruzar el puente Carolus, que cruza el río, de tanta gente que se amontona. Cuando el viajero logra pasar al otro lado, simplemente no ha podido ver nada, apenas sobrevivir al intento.

En Venecia, llegados a la estación Santa Lucía o bien en la Plaza Roma, el viajero se adentra en un mar de turistas, en el que sobra el dominio del italiano porque, simplemente, no encontrará a nadie local. París, Londres, Tokio, Kyoto, Florencia, o Valldemossa en Mallorca: el listado de lugares invisitables de tantos turistas que se amontonan crece y crece.

Elizabeth Backer, ex-periodista del Washington Post, publicó en 2013 un libro (“Overbooked: The Exploding Business of Travel and Tourism.” Sobreocupación: el estallido del negocio de los viajes y el turismo), que coincidió con el primer año en la historia en el que viajaron mil millones de personas, según la Organización Mundial del Turismo. Desde entonces a hoy, esta cifra no ha hecho más que subir. En 2018, todas las regiones del mundo han visto aumentar su turismo en proporciones normalmente superiores al cinco por ciento que, acumulados a años anteriores, nos garantiza que los problemas persistirán y se agravarán.

Detrás de Venecia, que es el destino símbolo de este problema, hay infinidad de otros lugares padeciendo problemas comparables. En Italia, Verona, Taormina o Cinque Terre tienen sus problemas, de gravedad variable. En España, Santiago, algunos lugares de Lanzarote, algunos de Mallorca, parte de Andalucía o Barcelona, sufren aglomeraciones de turistas cada año más graves.

El último aviso de peligro viene de Perú, donde el Machu Pichu, que ha sobrevivido a los siglos, se encuentra ahora acosado por incontables viajeros. El gobierno ha puesto un límite al número de visitantes, en 2.500 diarios, que ha sido completamente desbordado el año pasado. A poca distancia de Machu Pichu, mucho menos conocido, están las ruinas de Choquequirao, que apenas recibe 30 visitantes al día. La popularidad, la imagen, los medios de comunicación, las redes son las culpables de estas situaciones.

Parece imposible, pero este año la minúscula Reikiavik, la capital islandesa, entró en la lista de lugares saturados, después de casi una década de aumento de visitantes. Y, mucho más insólito, hasta el Everest empieza a tener problemas de saturación en ciertos momentos del año, debido a la presencia masiva de escaladores.

Estos días, la Organización Mundial del Turismo se reunió en su asamblea anual en Irán. No se preocupen: no han tratado ninguno de estos temas. Esta organización de Naciones Unidas que nos cuesta un dineral está integrada por viajeros no por expertos. Su cometido es viajar, vivir bien, aprovecharse de haber conseguido el cargo. Entre sus preocupaciones no figura el turismo, sino los tópicos de los que habla todo el mundo y nadie resuelve.

Por lo tanto, podemos esperar que la saturación en los destinos turísticos siga agravándose, como ha venido sucediendo en los últimos años, sin que nadie tenga ni idea de cómo abordar el problemas y apaciguar sus consecuencias.

Fuente: El Preferente

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