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Turismo carcelario o cómo descubrir el valor de la libertad

En Alcatraz, una prisión federal de máxima seguridad ubicada en una isla que lleva el mismo nombre, había una escalinata desde la que los presos podían ver el horizonte de la ciudad de San Francisco. «Un interno con cadena perpetua contemplaba cada día un paisaje que no podía recorrer», cuenta a El Independiente Fernando Gómez, autor de El mundo a través de sus cárceles, libro que publica Ediciones Luciérnaga. Para el escritor, el peor de los castigos es no poder hacer lo que uno desea.

En este recorrido que presenta por diferentes cárceles, hay historias duras como las de Alcatraz, y otras más «bonitas», como la del Palacio Negro de Lecumberri en México, donde, en un momento de su historia, se consiguió que algunos condenados pudieran tener relación con mujeres del exterior de la cárcel, vínculo que solía derivar en matrimonio.

«Este libro nació como continuación del anterior (La vuelta al mundo en 80 cementerios) en el que hablé de los camposantos. Antes creía que la muerte era lo más duro que le podía ocurrir a alguien, pero más tarde descubrí que una persona deja de vivir cuando se queda sin libertad», afirma Fernando Gómez. El mundo a través de sus cárceles es también una especie de guía turística para aquellos que buscan lugares «en los que no nos gustaría estar porque son sinónimo de la pérdida de identidad».

En esta guía, el lector encontrará cárceles en las que tendrá una sensación de ahogo y presión. «Notará que los espacios se van reduciendo». Sin embargo, hay prisiones que están encaladas y parecen más luminosas. «En Barcelona esta la antigua Cárcel Modelo, que no resulta tan tétrica, puesto que ya no hay presos y carece del ambiente opresivo y agobiante».

Una de las visitas que incluye el autor es la de la prisión de Tuol Sleng, en Camboya. Se trata de un antiguo colegio de élite, que fue reconvertido en cárcel por el régimen genocida de la Kampuchea Democrática de Pol Pot, en la que se asesinó sistemáticamente y se torturó hasta extremos inimaginables. Actualmente es un lugar que fue transformado en museo en 1980, donde el visitante verá expuestas imágenes de gran tamaño que muestran a las personas que estuvieron entre sus rejas.

A esta cárcel camboyana también recordada por sus condiciones ambientales extremas, se suma la de la Isla del Diablo, en la Guayana francesa, cuya sensación de confinamiento era agravada por la humedad y los insectos. La estancia en esta prisión suponía luchar contra la naturaleza. «No hacían falta vigilantes, el ecosistema que la rodeaba es quien custodiaba a los internos. Era imposible escapar porque te encontrabas con una naturaleza que acababa con la vida del preso. Tampoco había lugares conocidos alrededor», describe Fernando Gómez.

Más tarde descubrí que una persona pierde la vida cuando se queda sin libertad

Fernando Gómez, autor de El mundo a través de sus cárceles

Además de la gente cuya historia ha quedado en el olvido, son muchos los personajes históricos que han pasado por las cárceles, y que recopila Fernando Gómez en su libro. Es el caso de Jesucristo, que pasó la noche del Jueves al Viernes Santo en prisión.

También San Pedro y San Pablo estuvieron encerrados en la Cárcel Mamertina, ubicada dentro del Foro Romano. Cuando vas allí, «normalmente ves las columnas, pero no te detienes en esa prisión». A ellos podemos sumar a Nelson Mandela, Miguel de Cervantes y Fiódor Dostoyevski, entre otros.

La prisión que ofrece una buena dosis de historia es la de Kilmainham, en Dublín. Fernando Gómez afirma que esta antigua cárcel es sinónimo de la lucha del pueblo irlandés y la de la mujer por el derecho al voto. Las mujeres que recorren hoy su interior deben tener en cuenta que «lo mucho o poco que tienen ahora en materia de igualdad, se ha conseguido gracias a esas personas».

Estas luchadoras tenían tan claro su pensamiento «ya que les daba igual las palizas que les dieran o si ingresaban en prisión. Las mujeres que estaban entre esas rejas son un ejemplo, y por ello habría que visitar este tipo de cárceles para que ninguna persona vuelva a perder su libertad por esos motivos».

Fuente: El Independiente

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