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¿Se atreve a opinar sobre este asunto?

Muchos hoteles y algunas aerolíneas, cuando usted concluye su reserva online, le piden si desea hacer una contribución generosa a una causa benéfica. Es el mundo del turismo ayudando a los más necesitados. Sin embargo, el pasado 23 de mayo ocurrió algo que ha provocado un gran revuelo en Europa y que convierte al turismo en un pretexto para exactamente lo contrario. Ese día el Departamento de Desarrollo de Ruanda, uno de los países más pobres del mundo, firmó un acuerdo por 30 millones de libras, unos 35 millones de euros, para disponer de un pequeño espacio en la camiseta de uno de los equipos de fútbol más ricos del mundo, el Arsenal de Londres, para la su promoción turística. El anuncio dirá “Visite Ruanda”. Los pobres, titulaba este digital la noticia, financiando a los ricos.
Las cosas no son tan sencillas. Por un lado, es cierto que Ruanda está recibiendo algunos turistas del extranjero, lo cual es positivo. Y lógicamente, no se puede dudar de su derecho a atraer a esos viajeros con publicidad. El país lleva quince años con un crecimiento del 7 por ciento que si bien no ha servido para que deje de ser de los más pobres, ha mejorado mucho sus expectativas.
Pero hay una segunda cuestión a saber: el presidente de Ruanda, Paul Kagame, del que se ha dicho de todo en la prensa occidental, es un fan del Arsenal. ¿Es posible que un país miserable ponga publicidad en el equipo de fútbol que tiene las simpatías de su presidente?
El escándalo es mayúsculo porque todo suena bastante vergonzoso. Las ONG que colaboran con Ruanda se encuentran con que el país financia al Arsenal a cambio de una publicidad que es de muy dudosa rentabilidad para el país. El asunto ha salido por todo, salvo en España, que tenemos muchos más problemas domésticos como para ocuparnos de esto. En Holanda, Sigrid Kaag, el ministro de la ayuda al tercer mundo, ha sido encargado por el Gobierno para estudiar el asunto y determinar si vale la pena seguir ayudando a ese país, habida cuenta del destino que da a su dinero.
El asunto es controvertido. Y antes de que alguien me acuse, lo digo yo: me cuesta condenar abiertamente los hechos porque no termino de aceptar tampoco la lógica de que nosotros, los occidentales, porque ponemos dinero en estos países, les pretendamos dirigir lo que tienen que hacer. Un tema para la reflexión y el análisis.
Si quiere opinar sobre el asunto, creo que bien merece su contribución en esta columna.

Fuente: El Preferente

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