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Norwegian, una crisis en vivo y en directo

El sábado pasado, algunos pasajeros de un vuelo que partía de Bristol, en Inglaterra, llegaron a pasar por el control de seguridad para entrar en la sala de espera, listos para embarcar. Nunca llegaron a volar porque, sin que nadie se lo esperara, Flybmi anunciaba el cierre de sus operaciones y el fin de su negocio, incapaz de conseguir dinero para pagar sus gastos.

El final de esta compañía es típico. Sucedió con casi todas las antecesoras en la lista de quiebras. Nunca nadie se espera que las cosas estuvieran tan mal como para de pronto, cuando nadie se lo espera, sucumbir.

Salvo en un caso: el de la noruega Norwegian. Nunca una caída se había contado minuto a minuto, en directo, como si fuera un espectáculo. Las posibilidades de que sobreviva son nulas pero no tanto por sus cuentas sino porque todo el espectáculo mediático que rodea esta crisis está alejando a los clientes a toda velocidad. Es una profecía autocumplida. Es como las devaluaciones: hablar de ellas ahuyenta al dinero y causa la depreciación.

Norwegian ha sido y es un excelente proyecto aeronáutico, basado en un país y región con alto poder adquisitivo, Escandinavia, de donde la compañía extrajo el músculo financiero para expandirse. Primero abrió varias bases en Europa para atender vuelos locales, con aviones B737.

Después abrió bases en España. Enseguida se lanzó al vuelo de largo recorrido con bases en Escandinavia y también en Gatwick, después en Roma y París. Cuando el mundo de la aviación se quedaba con la boca abierta viendo el movimiento, Norwegian se lanza a abrir un conjunto de bases en Irlanda y Escocia para operar a Estados Unidos con aviones de un pasillo. Después instala en Martinica y Guadalupe una base desde la que opera por todo el Caribe y, por si con todo esto no hubiera suficiente riesgo, abre en Argentina, incluyendo presencia de la Casa Real noruega para la ocasión.

Hoy, salvo la operación tradicional en Noruega y parte del negocio de largo radio, todo lo demás está en crisis, narrado en directo por los medios de comunicación. Incluso si algo fuera viable, incluso si la compañía pudiera sobrevivir, es casi imposible encontrar un viajero que compre un billete convencido como debe de estar de que el riesgo de cierre es tan elevado. Norwegian, lamentablemente, está contra las cuerdas.

Pero la razón para ello no son los medios, sino el crecimiento alocado, incapaz de digerir tanto proyecto, incluso suponiendo que todo fuera a funcionar correctamente.

Porque ese crecimiento, encima, no se hizo contra el cash flow generado sino apalancándose. Los pedidos de aviones eran de dimensiones tan importantes que sus rivales se quedaban atónitos. Desde luego, Kjos, el director general de Norwegian, dejó a todo el mundo impresionado. Pero olvidó que siempre hay un después.

Si todo esto es dramático, el último capítulo, el rechazo de la oferta de IAG para su rescate, ha sido el broche final a una huida a ningún lugar. Pocas veces a una compañía en la ruina se le ofrece una salida, que reconoce que el proyecto era excelente pero carente de músculo financiero. Pero por razones confusas, Kjos rechazó a IAG. Quizás tenía razón en pensar que le pagaban poco, pero lo que nunca debió dejar de tener presente es que no tenía ninguna alternativa. Finalmente, parece que eso es lo que está sucediendo.

Fuente: El Preferente

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