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Hemos perdido la cabeza

 

Leo que toda la prensa, incluso la más seria, está acusando salvajemente a Ryanair como consecuencia de que un pasajero insultó gravemente a su compañera de asiento, por motivos de raza. Como ustedes habrán leído en Preferente o en cualquier otro medio de comunicación, hace unos diez días, un pasajero de un vuelo entre Londres y Barcelona insultó gravemente a su compañera de asiento, al parecer por su raza. La historia se ha convertido en portada de varios medios, en buena medida acusando a la aerolínea de comportarse equivocadamente. Tal ha sido el escándalo que este viernes Ryanair tuvo que intervenir porque la oleada de noticias le está causando un gran daño mediático.

Por supuesto, es posible que Ryanair hay cometido errores, y seguramente ha sido así. Por ejemplo, no es admisible que su nota se publique una semana después de los hechos. En una sociedad hipercomunicada, una empresa como Ryanair, que es nada menos que la líder europea en aviación, y que se juega mucho en cada embate mediático, debería estar mucho más atenta. Y más con asuntos identitarios que hoy están más en el primer plano que nunca.

Sin embargo, tengo la impresión de que hemos perdido la cabeza: aquí ha habido una persona, totalmente fuera de lugar, impresentable, vergonzosamente racista, que insultó a una compañera de asiento de forma improcedente y condenable. Eso es todo, que no es poco. La compañía aérea no es la responsable de la conducta de sus pasajeros, ni tampoco de sus empleados, aunque haya de asumir la responsabilidad subsidiaria en este último caso.

En los aviones hay mil incidentes diariamente que no son responsabilidad de las aerolíneas. Y, concretamente en este caso, el eje del problema es el incidente, no las reacciones posteriores. Puede ser que la aerolínea haya hecho cosas mal; puede ser que no haya sido suficientemente ágil; pero no podemos llevar a cabo ninguna asociación entre la conducta de la aerolínea y la repugnancia que causan los insultos del viajero. Ryanair, por mucho que la viajera se haya sentido molesta con la compañía, no tiene la responsabilidad principal de lo que ha ocurrido. En absoluto. Y, por supuesto, no es que la irlandesa y su fantástico director general por ellos sean menos mangantes en sus prácticas empresariales. Simplemente, las responsabilidades tienen límites.

Fuente: El Preferente

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