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Carrera contrareloj por Norwegian

Ninguna otra aerolínea desata pasiones tan profundas como Norwegian, la low-cost noruega que se debate hoy entre la vida o la muerte. Hasta informar sobre su situación es complicado porque lleva meses en declive, provocando sufrimiento sin fin en su plantilla. Sin embargo, la situación es tan extraña, afecta a tanta gente, tiene tales dimensiones, que por supuesto en Noruega y en otros países los medios la siguen con cuidado.

El jueves 19, por la noche, el Gobierno de Noruega, como resultado de un pacto entre seis partidos políticos diferentes, le ofreció un paquete de ayudas a Norwegian, las cuales se podrían ejecutar si se cumplían tres condiciones, en fases: primera, que los inversores privados aportaran un 10 por ciento del volumen de esas ayudas, segunda, que los acreedores dejaran de cobrar su deuda durante tres meses –todo lo cual liberaría la mitad del dinero– y tercera, un cambio profundo en el capital disponible. Lo primero se consiguió este martes por la mañana, lo que supuso una inyección de 25 millones de euros de los 250 finales que pondrá el estado noruego (las cantidades de dinero en euros no son precisas porque la negociación se hace en coronas noruegas. El importe de la ayuda del estado es de 2.700 millones de coronas, 300 millones el dinero que pondrán dos bancos, DNB y Danske Bank). Estos 2.700 millones públicos se aportará en dos tramos, 1.200 millones si los acreedores dejan de cobrar y aún más, el resto de los 1.500 millones, si Norwegian consigue mejorar sus reservas de dinero.

Niels Smedegaard, el danés que ocupa un cargo en el Consejo de Administración de Norwegian, declaró a un periódico que la solución puede encontrarse en una o dos semanas porque “tenemos una estructura financiera extremadamente compleja. Tenemos que tener una suerte increíble para conseguir que la operación pueda llevarse a cabo”, dijo. Algunos inversores apoyan el plan sin matices, pero otros, no. “Es un panorama complicado. Algunos inversores con los que hemos venido trabajando durante años apoyan el plan, pero otros nos dicen que querrían ayudar pero no llegan a ver que sea suficiente. Y otros dicen que vamos a dar un salto al vacío”.

Como se imaginan, la aviación noruega sigue este asunto con el máximo cuidado no sólo porque está en juego una imagen del país, sino porque hay muchos empleados de la compañía y porque, también, hay muchos accionistas que hoy por hoy lo han perdido prácticamente todo. Smedegaard fue preguntado si se podía descartar la quiebra y respondió que “el tema es si todo esto se puede hacer antes de que se acabe el dinero. Esto es lo que se decidirá en la próxima semana o dos.”

El miércoles, durante unas horas, el valor de las acciones de Norwegian se disparó una vez se supo que HBK Holding, la sociedad propiedad de Bjørn Kjos, el antiguo director de la compañía, había dado orden de comprar acciones porque creía que estaban muy baratas. El valor subió un 35 por ciento, pero después, al final de la jornada cayó aunque no tan bajo como estaba el martes.

Fuente: El Preferente

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